En un movimiento tan abrupto como simbólico, Donald Trump anunció que a partir del 1° de agosto aplicará un arancel del 50% a todas las exportaciones brasileñas. El trasfondo es claramente político: Brasil, bajo el liderazgo de Lula da Silva y como miembro activo del bloque BRICS, ha asumido posturas crecientemente críticas hacia la política exterior estadounidense.
Mientras Brasil queda atrapado en esta disputa geopolítica, Argentina podría emerger como un beneficiario inesperado. Según fuentes cercanas al Departamento de Comercio de EE.UU., se evalúa otorgar un régimen de preferencias arancelarias a nuestro país, que cubriría hasta el 80% de las exportaciones actuales hacia ese mercado.
- La medida, aún no formalizada, buscaría consolidar vínculos con países de la región que mantengan una relación "constructiva" con Washington, en medio de un nuevo orden internacional donde los alineamientos pesan tanto como la competitividad.
En 2024, las exportaciones argentinas a EE.UU. alcanzaron los US$ 6.400 millones, con fuerte presencia de productos agroindustriales como vinos, carne, limones, miel y aceites vegetales, además de aluminio, químicos y servicios basados en conocimiento. Si estas ventas pasan a gozar de aranceles reducidos o nulos, no solo ganan competitividad frente a otros oferentes globales, sino que Argentina puede ocupar parte del espacio que Brasil dejará vacante, en sectores donde ambos países compiten directamente, como carnes, jugos, aluminio o autopartes.
Este potencial desvío de comercio abre una ventana estratégica: productos que antes llegaban desde Brasil podrían ahora ser abastecidos por empresas argentinas.
Es una oportunidad para ganar mercado en EE.UU. sin disputar precios, sino simplemente aprovechando un contexto favorable.
El gobierno argentino viene negociando discretamente con la administración Trump la ampliación de las preferencias arancelarias, en sintonía con una estrategia de alineamiento pragmático. En un mundo cada vez más atravesado por las tensiones entre bloques, la falta de enemistades también puede ser una ventaja. Ahora dependerá del gobierno y del sector privado anticiparse, coordinar y actuar. Porque las oportunidades, cuando aparecen, no suelen avisar dos veces.
Fuente: El economista
